13 de enero de 2010

Juego de perros

Debió ser un bolso entonces colgándote de los hombros como si fuese una mochila y una falda hasta los pies y unas sandalias y el mar de la cintura para abajo o los cocodrilos cardiacos en la desembocadura del río. Con más certeza es tu perfil llevado en andas por las manos de un bailarín invisible que se desliza en el recuerdo y cuando voy a ponderar tu indiferencia estudiada giras el rostro en gesto rápido, amistoso, hacia mí, y te revuelcas en el suelo hurgándote la pelambre, removiéndote las pulgas y lamiéndote las patas. Me tocan tus dientes sanos, los cañones de tus piernas y la entereza con que atacas este aniversario redondo. Es el recuerdo instantáneo contaminado por la culpa. Es la culpa sujeta por un tornillo de banco, en ella han inscrito tu nombre con un diamante de vidriero. Ahora estoy, ya lo sabes, a la entrada de tu alma, dispuesto a llevármelo todo y arrojarlo en el foso del Castillo de la Fuerza, apenas levante el vuelo ese pájaro que canta posado en La Giraldilla, apenas ella despierte y se aclimate a la espera. En esto, precisamente, consiste la violación.