4 de enero de 2010

La Revolución Cubana

La Revolución Cubana comenzó la noche del 1ro de enero de 1959 en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba. Esa noche –¿lo recuerdan?– hablaba Fidel. "LOCUTOR.- Por favor, que silencien los tanques. Por favor, orden del Comandante en Jefe que silencien los tanques y los detengan allí mismo, para que el pueblo pueda seguir escuchando la palabra del máximo líder de la Revolución Cubana, doctor Fidel Castro (GRITOS Y APLAUSOS)." Adentrándose en el pueblo, más persuasivo que los tanques, advertía Fidel: "La Revolución empieza ahora".

Fidel hablaba con el pueblo y le contaba la guerra, el camino a la victoria, los acuerdos pactados con los mandos militares, el movimiento de sus hombres desde las provincias centrales hacia la capital y las maniobras golpistas del general Cantillo, su mayor preocupación del momento. Batista había escapado la madrugada anterior y el general Eulogio Cantillo encabezaba desde la víspera una junta militar en Columbia, el Estado Mayor del Ejército, y nombraba los nuevos cargos de la oficialidad y al juez Carlos Manuel Piedra, el de mayor antigüedad en el Tribunal Supremo, presidente provisional. Aquello no era lo acordado. "Se acordó con el general Cantillo que el levantamiento se produciría el día 31 a las 3:00 de la tarde; se aclaró que el apoyo de las fuerzas armadas al movimiento revolucionario sería incondicional, el Presidente que designasen los dirigentes revolucionarios y los cargos que a los militares les asignasen los dirigentes revolucionarios". Esto era precisamente lo que acababan de aceptar los oficiales de Santiago. "El hecho cierto es que reclamé el apoyo de la oficialidad del ejército de Santiago de Cuba, y la oficialidad del ejército de Santiago de Cuba le brindó su apoyo incondicional a la Revolución Cubana. (APLAUSOS)." "Reunidos los oficiales de la marina, de la policía y del ejército, se acordó desaprobar el golpe amañado de Columbia y apoyar al Gobierno legal de la república, porque cuenta con la mayoría de nuestro pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó." Y "el doctor Manuel Urrutia Lleó, el magistrado que dijo que la Revolución era justa […] es el presidente proclamado por el Movimiento y por todas las organizaciones revolucionarias…" Y "¿cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia? (APLAUSOS y GRITOS.)"

Fidel nombraba al presidente y los cargos del ejército y éste era el gobierno legal. ¿De acuerdo con qué leyes? De acuerdo con las leyes de la Revolución. ¿En dónde estaban esas leyes? Fidel las iba revelando en cada nuevo discurso. Entonces, ¿era la Revolución Cubana la voluntad de Fidel Castro? No, la Revolución Cubana era la voluntad del pueblo. ¿Pero cómo saberlo? GRITOS Y APLAUSOS.

Avanzando lentamente hacia la capital, Fidel repite la puesta en escena de la Revolución en Camagüey, en Santa Clara, en Sancti Spiritus, en Matanzas…Trae consigo una caravana de tanques. "Esos tanques son del pueblo; se los hemos arrebatado a la tiranía para dárselos al pueblo." Los manejan los soldados del ejército porque los rebeldes todavía no saben manejarlos. Pero esos militares se han puesto incondicionalmente a las órdenes de la Revolución. "Los tanques, los cañones, los aviones, las fragatas, los fusiles, las ametralladoras, todo, está en manos del pueblo (APLAUSOS)." La tarea fundamental de los comandantes rebeldes en este momento es "organizar la fuerza armada del pueblo". Para que el pueblo esté seguro, los comandantes del Ejército Rebelde han tomado las principales instalaciones militares del país. "Es imposible sacar ahora a Camilo de Columbia, al Che de La Cabaña, a Escalona de Pinar del Río, a Raúl de Santiago (APLAUSOS). ¿Creen ustedes que podríamos sacar a nuestros comandantes de esas posiciones en estos momentos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Se sentiría muy seguro el pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).

La "caravana de la libertad" entra en La Habana el 8 de enero y Fidel pronuncia un discurso en Columbia. Su preocupación ya no son los oficiales del Ejército sino los hombres del Directorio Revolucionario, que han quedado fuera del gobierno de Urrutia y, viendo la concentración vertiginosa del poder en las manos de los hombres del 26 de Julio, han comenzado a reunir armas y municiones. "Yo les voy a hacer una pregunta: ¿Armas para qué?, ¿para luchar contra quién?, ¿contra el Gobierno Revolucionario, que tiene el apoyo de todo el pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Es acaso lo mismo el magistrado Urrutia gobernando la República que Batista gobernando la República? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Armas para qué?, ¿hay dictadura aquí? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Van a pelear contra un gobierno libre, que respeta los derechos del pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), ¿ahora que no hay censura, y que la prensa es enteramente libre, más libre de lo que ha sido nunca, y tiene además la seguridad de que lo seguirá siendo para siempre, sin que vuelva a haber censura aquí? (APLAUSOS), ¿hoy, que todo el pueblo puede reunirse libremente?, ¿hoy, que no hay torturas, ni presos políticos, ni asesinatos, ni terror?, ¿hoy que no hay más que alegría, que todos los líderes traidores han sido destituidos en los sindicatos, y que se va a convocar inmediatamente a elecciones en todos los sindicatos? (APLAUSOS.) Cuando todos los derechos del ciudadano han sido restablecidos, cuando se va a convocar a unas elecciones en el más breve plazo de tiempo posible, ¿armas, para qué?…" El Directorio Revolucionario, la única fuerza rebelde significativa independiente de Fidel, quedaba así neutralizado.

Urrutia ha conformado su gobierno el 5 de enero y ese mismo día disuelve el Congreso y destituye a todos los funcionarios electos de la administración anterior. Dos días antes ha nombrado a Fidel "Comandante en Jefe de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire", que incluyen el Ejército, la Marina de Guerra, la Policía Nacional y el Movimiento Revolucionario de Liberación. Posteriormente se disuelven los partidos políticos y se prohibe la organización de otros nuevos porque "en los primeros 5 meses de la Liberación es un crimen meter al pueblo en política", declara Fidel el día 9. A los políticos que han tomado parte en las elecciones pasadas se les inhabilita para desempeñar puestos públicos por los próximos 30 años. El poder ejecutivo y el legislativo quedan en manos del Consejo de Ministros, de acuerdo a la Ley Fundamental que ha pasado a reemplazar a la Constitución del 40. El primer ministro es José Miró Cardona. Fidel no ocupa ministerio. Su nombramiento oficial en el gobierno de Urrutia es "Delegado General del Presidente para las Fuerzas Armadas y Máximo Líder de la Revolución". La Revolución, se entiende, no es lo mismo que el gobierno. El pueblo se impacienta con la lentitud del primer ministro porque éste no toma las medidas necesarias, dicen los hombre del 26 de Julio. Proponen a Fidel para el puesto. Fidel acepta el sacrificio, pero pide que se modifique el Artículo 146 de la Ley Fundamental. La Ley dice que "El Primer Ministro representará la política general del Gobierno". Se modifica así: "Corresponderá al Primer Ministro dirigir la política general del Gobierno…" De esta manera se formaliza la insignificancia de Urrutia y de la institución presidencial.

A partir del 10 de enero se establece la pena de muerte, la aplicación de la ley penal con carácter retroactivo y la confiscación de la propiedad privada por "delitos políticos". Sin mayor trámite legal, ya se venía fusilado y confiscando los "bienes malversados" de Batista y sus colaboradores. Para fines de este mes hay más de 500 condenas a muerte dictadas por los tribunales revolucionarios. En abril, la CTC declara innecesario el derecho de huelga ante un gobierno que representa a los trabajadores. Comienza ese mismo mes la "depuración" del claustro universitario. Durante el discurso conmemorativo de la huelga del 9 de abril, Fidel anuncia que se postergan las elecciones hasta que se supriman el analfabetismo, el desempleo y se cumplan todos los objetivos de la Revolución. En las actuales circunstancias, las elecciones no serían más que asquerosa politiquería, compra y venta de votos, engaño al pueblo, dice. "Que levanten la mano los que quieren las elecciones (NO LEVANTAN LAS MANOS). Que levanten la mano los que no estén interesados en elecciones (EL PUBLICO LEVANTA LAS MANOS)."

El 17 de mayo se dicta la Ley de Reforma Agraria y se nacionalizan todas las propiedades con más de 402 hectáreas (30 caballerías). Más de 4 millones de hectáreas quedan redistribuidas. La mayor parte de las tierras quedan en manos del estado. Arrecian las acusaciones del carácter comunista de la Revolución. La más grave es la del comandante Pedro Luis Díaz Lanz, jefe de las Fuerzas Aéreas y piloto personal de Fidel, con quien entra en conflicto cuando decide suspender las clases de formación comunista en las Fuerzas Aéreas. Es sustituido por Almeida. Temiendo por su vida, Díaz Lanz escapa a Miami el 29 de junio y denuncia los planes de Fidel para llevar a Cuba al comunismo. El presidente Urrutia condena a Díaz Lanz pero pone en guardia al pueblo contra la presencia de los comunistas en el gobierno: “Creo que los comunistas le hacen un daño terrible a Cuba y declaro aquí a plena responsabilidad que quieren crearle un segundo frente a la Revolución. Por eso es por lo que he dicho siempre que rechazo el apoyo de los comunistas y creo que los verdaderos revolucionarios cubanos deben rechazarlo abiertamente”. Fidel responde presentando su renuncia. Renuncia a su puesto de Primer Ministro, advierte, no a la Revolución. “A la Revolución no renuncio; ni renunciaré jamás”. Agrega que Urrutia se encuentra al borde de la traición. ¿Traición a qué o a quién? A la Revolución. El pueblo corre a Palacio pidiendo la renuncia de Urrutia: "Fidel: Contigo hasta la muerte”. “Que se vaya el otro.” Y el otro renuncia. Poco después, a pedido del pueblo, Fidel acepta el sacrificio de reincorporarse a su puesto. "Si no estuviera el pueblo con nuestra Revolución, si el pueblo hubiese dispuesto otra cosa, no seríamos nosotros de nuevo Primer Ministro del Gobierno Revolucionario (APLAUSOS PROLONGADOS). En manos del pueblo quedó la decisión. El pueblo pudo haber dicho que no regresara, como pudo decir y dijo que regresara (APLAUSOS). No se ha cumplido pues la voluntad de un hombre o de un grupo de hombres; ¡se ha cumplido la voluntad de un pueblo! (APLAUSOS PROLONGADOS.)"

El altercado con Urrutia no implicaba mayor riesgo para el poder de Fidel Castro. Se trataba de una figura designada por él y sin ningún apoyo propio en la población o el ejército. Pero a mediados de octubre presenta su renuncia Húber Matos, un comandante con prestigio y ascendencia en la tropa, quien tampoco está de acuerdo con el rumbo comunista que va tomando el proceso. El líder de la Columna 9 del Ejército Rebelde tiene entonces el mando militar de Camagüey. Fidel lo acusa de traidor, sedicioso, ambicioso, y despacha a Camilo Cienfuegos para realizar su arresto. A finales de octubre, Matos se encuentra en la cárcel y Camilo no se encuentra. Eran los únicos comandantes rebeldes con suficiente autoridad para provocar un cisma en la dirigencia revolucionaria, de habérselo propuesto. Ninguno era comunista. Los otros dos, Raúl y el Ché, más que compartir, alientan la implantación del comunismo. Y en ello pueden trabajar con mucha más libertad a partir de este momento.

Los ministros moderados que aún quedan en el gobierno pierden sus puestos en noviembre o pocos meses más tarde. En 1960 se incautan 105 centrales azucareros, las propiedades industriales, fábricas de todo tipo, las empresas de transporte, los grandes comercios y compañías de servicio, la banca, los hoteles, las escuelas y hospitales, los cines, los teatros, los clubes deportivos y recreativos; se cierran o se expropian los periódicos y las revistas, las emisoras de radio y de televisión. Se crean los CDR. Se pasa la Ley de Reforma Urbana que limita la propiedad inmueble a la vivienda personal; todo lo demás: al estado. Se firman tratados con la URSS, la RDA, Bulgaria, Rumania, Polonia, Corea del Norte… Nunca más se habla de elecciones ni de partidos políticos. El gobierno ha extendido la propiedad estatal a todos los sectores significativos de la economía y el monopolio del estado queda en manos de Fidel; se han cerrado todos los espacios sociales para la oposición y para la acción de grupos o personalidades independientes. Quedan pequeños espacios culturales y económicos con alguna autonomía, pero son sólo reductos que caerán más adelante.

No pretendo hacer aquí un resumen de los años de afianzamiento del castrismo. Me he extendido citando los discursos de Fidel y repasando algunas de sus primeras maniobras porque ellas ilustran bien la dinámica del poder que se establece en Cuba a partir de 1959. Es en esa dinámica donde surge, creo yo, la Revolución Cubana. No comparto las nociones ni definiciones de ella que se manejan actualmente. Unos hablan de Revolución para referirse a la insurrección contra Batista, tomando como punto de partida algún momento posterior al 10 de marzo de 1952 –el asalto al Moncada, el desembarco del Granma…– y alegan que su carácter original fue democrático, tal y como aparece, por ejemplo, en el Manifiesto de la Sierra Maestra. Para quien así la entiende, y para no pocos de los protagonistas de aquellos eventos, Fidel Castro traicionó una Revolución democrática. Otros asumen la Revolución como los cambios radicales que Fidel implementa a partir de 1959 y entienden que ésta se agota en sus primeros dos años, o en 1968. Otros se refieren a ella como el periodo histórico que se inicia con el triunfo del 1ro de enero y continúa hasta hoy, pasando por varias etapas. Otros la ponen en duda quitándole las mayúsculas, poniéndola entre comillas o resignándose a hablar de ella por las convenciones del habla. Me parece conveniente ensayar otra perspectiva.

Si volvemos la vista a 1959 y repasamos los eventos que he mencionado más arriba, encontramos a Fidel tomando medidas tendientes a concentrar en sus manos el poder absoluto –político y militar, económico y social– pero presentado cada una de sus maniobras de avance como un esfuerzo por salvar una supuesta aspiración o conquista popular gravemente amenazada por las figuras, organizaciones e instituciones que se propone liquidar o someter a su dominio. Puede ser la Presidencia provisional de la república o el Directorio Revolucionario, la división de poderes o los partidos políticos, el ministro Cardona o el presidente Urrutia, las elecciones generales o el comandante Húber Matos, una empresa, una emisora, un sindicato, un periódico… Cada medida contra ellos va acompañada de un discurso donde Fidel le narra al pueblo, le interpreta y le "explica" la realidad nacional, la naturaleza y los términos del conflicto presente, y obtiene, mediante el aplauso, la sanción popular para consumar su propósito. Es mediante el ejercicio del poder carismático que su decisión se transmuta en voluntad popular o, al menos, en su apariencia. El 1ro de enero Fidel declara, por ejemplo, que Urrutia "es el presidente proclamado por el Movimiento y por todas las organizaciones revolucionarias…" En realidad, el magistrado de la Audiencia de Oriente ha sido seleccionado unilateralmente por el 26 de Julio, como puede comprobarse en la carta Contra el Pacto de Miami que Fidel escribe en diciembre de 1957, sin consultar con ninguna otra organización revolucionaria y con la oposición expresa del Directorio. Dice igualmente que Urrutia es el presidente legal, aunque según la Constitución del 40, la única legalidad incontestada por las fuerzas revolucionarias hasta entonces, corresponde al juez Piedra, el de mayor antigüedad en el Tribunal Supremo, ocupar la Presidencia. Fidel propone por último que Urrutia es el presidente legal porque cuenta con el apoyo del pueblo: "¿Cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia? (APLAUSOS y GRITOS.)" La voluntad del pueblo cubano son los gritos y aplausos que el público tributa al líder en un parque de provincia al calor de la victoria; un modo algo primitivo de determinar la opinión de una república de varios millones de habitantes dispersa por seis provincias, pero perfectamente consistente con la tradición del mando carismático de los caudillos latinoamericanos. Es siguiendo su dinámica que se instaura en Cuba el régimen de economía estatal, partido único y liderazgo absoluto, personal y vitalicio que conocemos por castrismo. Es atendiendo a su despliege que se forma la noción de Revolución Cubana.

El aporte del castrismo a la vida política latinoamericana es haber divisado una organización institucional del estado adecuada al ejercicio del poder carismático. La organización republicana, con su separación e independencia de los poderes del Estado y la limitación de éstos por los derechos ciudadanos, la descentralización económica, la pluralidad de partidos, medios de prensa y organizaciones civiles independientes, restringe, por su propia estructura, el poder caudillista. De aquí nuestra justa impresión de que los caudillos de antaño, por más despóticos que fueran, contaban en realidad con muy poco poder. La organización comunista, en cambio, se ajusta al mando carismático, lo potencia y le ofrece una nueva legitimidad que le permite superar su carácter limitado de régimen de excepción. Más que los enfrentamientos históricos con los Estados Unidos o la genuina persuasión ideológica, es esta adecuación institucional del centralismo comunista al mando caudillista el factor decisivo en la adopción del comunismo por Fidel Castro en 1959; y es esa misma adecuación la que determina hoy día la ascendencia del "socialismo del siglo XXI" en América Latina.

Pero el castrismo y la Revolución no son la misma cosa. El castrismo es un sistema de gobierno caudillista potenciado por la concentración de las fuentes de poder del estado socialista. Su contenido efectivo es la voluntad del líder. La Revolución Cubana es la consideración del castrismo como una realización de la voluntad popular, el destino nacional y la justicia social. No es un acontecimiento ni un periodo histórico, no es un hombre ni un gobierno, sino una interpretación de los acontecimientos históricos, de las acciones de un hombre y su gobierno en Cuba a partir del 1ro de enero de 1959.
Este carácter interpretativo de la Revolución Cubana explica la cautela de Castro frente a los intelectuales. La Revolución es un juicio, una opinión, una creencia que debe ser derivada de la cuidadosa puesta en escena del castrismo en cada uno de sus actos. Las concentraciones masivas para escuchar a Fidel, las empresas ejemplares que visitan los turistas, las excelentes estadísticas de crecimiento económico, los índices selectivos de educación y salud, las correspondencias ideológicas entre Fidel y Martí, las palizas del pueblo a los opositores, los noticieros de televisión, las votaciones unánimes para todos los cargos, las medallas deportivas dedicadas a Fidel, las manifestaciones y marchas del pueblo combatiente, las canciones, los poemas, los ensayos, las novelas, los documentales y películas de exaltación velada o burda de los héroes y hechos del régimen, no son la propaganda de la Revolución, sino su puesta en escena; es aquí, y sólo aquí, donde la Revolución se revela. El dictum a los intelectuales: "dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada", es una advertencia hermenéutica; una advertencia contra cualquier intento interpretativo del acontecer nacional que contradiga o debilite la triple identificación del líder con la voluntad popular, el destino nacional y la justicia social.

Yo no pongo en duda la existencia de la Revolución Cubana. Solamente afirmo que ésta es una falsa creencia, una superstición mayormente superada por la población de la isla. En Cuba quedan hoy tantos revolucionarios como espectadores crédulos de la Mesa Redonda de la televisión nacional. Esto no implica, sin embargo, que estemos libres de su influjo.

Cincuenta años de castrismo han tenido su efecto en la población de la isla y también en el exilio. Muy pocos cubanos perciben el carácter crediticio de la Revolución. Para la gran mayoría, nacionales y extranjeros, la Revolución es un hecho, o una serie de hechos, un período histórico, Fidel Castro y sus hombres. Tomando ventaja de esta percepción extendida, el castrismo califica a sus opositores de contrarrevolucionarios, deslizando por reflejo la interpretación de sí mismo como Revolución y aprovechando las connotaciones asociadas con ésta. La perspectiva de ser un opositor del pueblo, de las aspiraciones nacionales y de la justicia social tiene un efecto paralizador, inclusive entre aquellos que perciben claramente la mendacidad del gobierno y abiertamente se le oponen. La Revolución es el velo protector del castrismo –su resguardo, se diría– y el maleficio o bilongo sobre sus opositores.
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Nota: La mayoría de las citas textuales que aparecen en el texto corresponden a fragmentos de los discursos e intervenciones de Fidel Castro, según la versión taquigráfica del Consejo de Estado cubano.

5 comentarios:

Esperanza E. Serrano dijo...

Es la primera vez que entro a su blog. Me intereso el link que dejo en Cuba Inglesa
Excelente post.
Me tomo el atrevimiento de enlazarlo a mi blog.
Coincido con el enfoque y las definiciones sobre el castrismo y la revolucion cubana.
Saludos
Esperanza E Serrano

Jorge Salcedo dijo...

Gracias, Esperanza. Pase cuando quiera, la puerta está abierta.

jose luis sito dijo...

Hola jorge, un post buenisimo.

Me detengo sobre esta frase de Urrutia:
“Creo que los comunistas le hacen un daño terrible a Cuba y declaro aquí a plena responsabilidad que quieren crearle un segundo frente a la Revolución. Por eso es por lo que he dicho siempre que rechazo el apoyo de los comunistas y creo que los verdaderos revolucionarios cubanos deben rechazarlo abiertamente”.”

Urrutia emplea la palabra revolución y habla de los verdaderos “revolucionarios cubanos”. ¿De que revolución habla Urrutia y de que revolucionarios?

Urrutia emplea la palabra revolución como sinónimo de transformación, de cambio, como sinónimo de victoria sobre la dictadura. Lo ocurrido es una caída de la dictadura, una revolución en el sentido de modificación de las cosas, del presente. Los verdaderos revolucionarios para Urrutia son los que lucharon contra Batista, esos en las ciudades y en las montañas que condujeron a la victoria contra la dictadura batistiana.

Urrutia emplea la palabra revolución en modo abusivo, en el sentido de sublevamiento, insurreccion, levantamiento. Para Urrutia los verdaderos revolucionarios son los que se sublevaron contra Batista, y esos comunistas de los que habla son oportunistas, arrivistas que quieren aprovecharse de la situación creada. Por lo tanto la palabra revolución aquí, la empleada por Urrutia, es únicamente un abuso lexical, una sinnonimìa, una inexactitud léxica.
Urrutia emplea la palabra revolución porque es la que está en el aire, la que ha lanzado al ruedo el futuro dictador, pero ese vocablo revolución para Urrutia no tiene ningún significado político ni ideológico ni sociológico.

Esto nos lleva de nuevo a la cuestión del hecho revolución. Hay indicios de que la revolución no es un hecho sino una construcción de vocabulario, retórica, de discurso que no tiene nada que ver con un hecho histórico. Como por ejemplo la denominada “revolución bolivariana”. Son construcciones retóricas, falsificaciones léxicas que persiguen un propósito. Esto es lo que hay que analizar, pienso.

Un saludo estimado Jorge.

Jorge Salcedo dijo...

Jose Luis, en los primeros meses del 59 hubo mucha gente intentando influir el carácter de los cambios que tenían lugar, ya sea apelando a la opinión pública, como en este caso de Urrutia, o dirigiéndose a Fidel Castro directamente. Cuando Urrutia habla de Revolución está intentando influenciar su carácter, está poniendo presión sobre Fidel para evitar la implantación del comunismo en Cuba. Para él, la Revolución es un proceso de transformaciones que incluye la eliminación de la tiranía de Batista y el restablecimiento de la democracia, ateniéndose a lo establecido en la Constitución de 1940. Pero ésto, por supuesto, es una idealización, un espejismo, y no deja de ser irónico que Urrutia sufra este espejismo, porque lo que hay desde el 1ro de enero es la imposición de la voluntad de Fidel Castro sobre todos los aspectos de la vida nacional, incluyendo la designación de Urrutia como presidente. Además, ya no hay opinión pública, aunque exista su apariencia. Me he ocupado de esto en un artículo que apareció en Encuentro en la Red en el 2002, a propósito del Proyecto Varela y la Constitución de 1976.

jose luis sito dijo...

"Para él [Urrutia], la Revolución es un proceso de transformaciones que incluye la eliminación de la tiranía de Batista y el restablecimiento de la democracia, ateniéndose a lo establecido en la Constitución de 1940."

Exactamente, estamos en sintonia.
El uso de la palabra revolucion no tiene el mismo sentido para Castro y Urrutia, para todos los que quieren retomar el camino de la democracia abandonado por Batista.

Queda por elucidar como la palabra revolucion se injerta en las mentes, en las mentalidades a partir de 1959, para formar una desvicacion lexical que irà imponinendose como abarcadora de toda la realidad. O sea, como y a partir de cuando, la palabra revolucion se va convirtiendo en pura simbologia, imaginario para terminar como representacion idealizada del castrismo.

Es aqui donde hay que hacer la diferencia entre la palabra revolucion cuando la emplean personas como Urrutia; y la palabra revolucion cuando la emplea Castro ys sus acolitos.

Para Castro, la palabra revolucion le sirve muchisimo para embobinar a los personajes como Urrutia. Es una palabra ideal para instalarse progresivamente en el poder. Su proceso de guerra, militar, contra Batista lo maquilla de revolucion, lo maquilla empleando la palabra revolucion. Es una trampa semantica en la que cae Urrutia y los demas democratas. Es a partir de esta trampa semantica (la revolucion) que toma progresivamente el poder.
Castro toma el poder absoluto en nombre de la revolucion, para continuar la revolucion, algo que por ahora, en 1959 no existe, sino en las mentes como vocablo, como palabra. En los hechos no hay ninguna revolucion, sino unos militares y civiles que derrocaron un dictador. No hay màs. Por eso Urrutia denuncia los comunistas en nombre de la revolucion, en nombre de la victoria sobre Batista, que es la victoria de todos los democratas.

Pero Castro no lo entiende asi y pretende tomar todo el poder. Es aqui donde entama la construccion del mito revolucioanrio que no ha abandonado nunca y que es todavia su fondo de comercio. Un fondo de comercio en el que vende un simbolo, un imaginario, un mito, pero sin ninguna realidad, sin hecho real.

Por lo tanto en 1959 no hay revolucion ninguna, solo la victoria sobre un dictador.
Luego Castro toma el poder, abusando de la palabra revolucion, en nombre de una revolucion que no existe y a partir de entonces con todo el poder en sus manos puede cambiar de regimen. Urrutia desaparece. Puede pasar a un regimen de corte marxista-leninista muy comodo para fundar su reinado, apelando a transformaciones radicales comunistas que la mayoria de los cubanos no desea. Ese cambio de regimen sera completo una vez exterminada la resistencia que queda. Entonces con los sovieticos, sus aliados, funda la Constitucion socialista, el regimen se vuelve una antena de los sovieticos.

En todos estos acontencimientos se puede ver que revolucion no hay ninguna. Existe una victoria sobre un dictador, victoria de tipo guerra civil, luego un cambio de regimen que pasa a ser marxista-leninista, dependiendo totalmente de los sovieticos.

Por eso pido que se investigue esta cuestion de la palabra revolucion, que es un asunto de muchisima importancia.
Castrismo = revolucion, esta equacion es una falsificacion gigantesca. La revolucion cubana nunca ha existido, sino en la cabeza de Castro y de los que se creyeron esa trampa semantica. Una creencia que Castro enraizò a golpes de propaganda, y para ello tenia todo un Estado a su disposicion.

Es largo, perdona Jorge, pero el tema es de envergadura.
Un saludo estimado Jorge.