29 de noviembre de 2016

La muerte de Fidel Castro y el remate de Cuba

Ya nos contarán las noticias lo que ha sucedido en Cuba tras la muerte de Fidel, a mí me ocupa lo que ocurre conmigo, que viví allí 24 años y he vivido afuera otros tantos.
En los medios de prensa alternan los esbozos biográficos del "Comandante en Jefe" y "Líder de los cubanos" con los del "déspota" y el "sátrapa", se habla de justicia social y dictadura comunista, de David y Goliat, de cierto enero de júbilo y de cierto octubre de pánico, de logros y debacles, de absoluciones y disoluciones, y abundan los gestos patéticos a modo de ilustración de nociones encontradas y no menos patéticas. Miami y su fiesta, La Habana y su mutismo, las lágrimas de alivio de la abuelita exiliada y los sollozos contenidos de abuelito miliciano, las condenas de derecha y las loas de izquierda, las condolencias diplomáticas, cripto-afectuosas o esquivas, las ilusiones y desilusiones públicas de los intelectuales, la fe inquebrantable de los periodistas. Todo esto se presta para hilvanar una trama, contar historias, la Historia. En el teléfono, entre amigos, bromeamos sobre el evento y descorchamos la alegría que un día nos prometimos llegado su San Martín, aunque sin mucha convicción. Comprobamos la distancia que nos separa de esta gente y su fiesta, de aquella gente y su mutismo. Ser cubano, antes tan fácil, resulta ahora una elección que exige esfuerzo y omisiones demasiado onerosas.
Supongo que tantos años viviendo lejos de la Isla y sin regresar a ella me han pasado factura, que ya he ingresado al limbo de los cubanos "de origen"…
…El resto del artículo, en Diario de Cuba